Archivo | diciembre, 2012

Afternoon Tea en Fortnum and Mason

27 Dic

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Soy una privilegiada, lo reconozco. El pasado puente de Todos los Santos Al y yo fuimos a Londres con unos amigos. La única vez que estuve en Londres antes de este viaje fue con 14 años y me llevaron mis padres. Recuerdo haber entrado en Fortnum & Mason en plena Navidad y ver todo tan bonito… pero me quedé con las ganas de tomar el té en el 4th floor. Así que esta vez, reservé online antes de ir y ¡por fin tuve mi afternoon tea 12 años después!

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Lo primero que te encuentras cuando llegas al 4th floor es una preciosa recepción llena con los botes de las mezclas de los tés con un pianista tocando en directo.

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El menú

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Para empezar había que elegir un té entre entre la friolera de 82 variedades. Los ingleses son muy dados  a hacer sus propias combinaciones o “blends” y había para todos los gustos (de oolong, té negro, rojo, verde, con flores, con hierbas…)

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Yo escogí el número 33 el “Royal Blend” según la descripción, “en esta mezcla clásica de Fortnum, el Pekoe florido de planta baja de Ceylonda confiere una nota inspiradora a Assam para dar lugar a una taza de té muy tradicional  (in this classic Fortnum’s blend, lowgrown Flowery Pekoe from Ceylon lends an uplifting note to the maltier Assam to make a very traditional cup of tea).  Estaba muy bueno, aunque sinceramente no me enteré muy bien de qué era lo que llevaba pese a semejante descripción.

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Por su parte, Al, escogió el “Jubilee Blend”. en su caso su descipción rezaba lo siguiente: “mezcla de tés de  la India, Ceylon y China. Este té noble ofrece un delicado dulzor y un esplendor dorado y es verdaderamente apropiado para una reina (blending teas from India, Ceylon and China, this noble tea offers mellow sweetness and golden brightness and is truly fit for a queen). Puede que sea “verdaderamente apropiado para una reina” pero era un té como otro cualquiera.

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Luego, tuvimos que elgir entre tres tipos de menú: el Fortnum’s Afternoon Tea (menú dulce), el Fortnum’s Savoury Afternoon Tea (menú salado) o el Fortnum’s High Tea (comida completa).

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Los menús consistían básicamente en sandwiches, scones (una especie de bizcochitos) y pastas o canapés salados, según el tipo escogido. Los distintos platos venían servidos en unas torres cuya estrucutra era de plata. De postre, podías elegir lo que quisieras de un carrito con tartas.

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Al eligió el menú dulce y yo el salado. El High tea, a parte de costar un ojo de la cara, era demasiada comida. De verdad, se come de sobra con cualquiera de los otros dos menús porque ¡los camareros te rellenan todo lo que te comes hasta que te hartes! Sí,sí, incluídos los sandwiches, pastas, scones…. ¡todo!

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Los dos menús traían los mismos tipos de sandwiches:

Chicken with Fortnum’s Tarragon Dijon Mustard (pollo con mostaza dijon), Cucumber with Mint Butter (pepino con mantequilla de menta), Rare Breed Hen Egg with Mustard Cress (huevo de gallina de corral con hojas de mostaza), Poached and Smoked Salmon with Lemon and Caper Crème Fraîche (salmón escalfado y ahumado con limón y crema fresca de alcaparras) y Rare Roast Beef with Horseradish Cream (roast beef con la típica crema de rábanos picantes).

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Los scones son bizcochitos bien ricos. Los del menú de Al eran de mantequilla y de mantequilla y pasas.

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Los míos eran salados: “Ham and Cheese Scone accompanied with an English Mustard Butter” (scone de jamón y queso con mantequilla inglesa de mostaza) y “Sundried Tomato and Herb Scone accompanied with Basil Cream Cheese” (scone de tomate deshidratado con hierbas acompañado de queso crema a la albahaca).

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Por último, el menú de Al incluía unos pastelitos buenísimos y el mío cuatro canapés salados: Smoked Salmon Blini with Crème Fraîche and Caviar D’Aquitaine (blini de salmón ahumado con crema fresca y ccaviar de Aquitania), Smoked Duck Breast on Toasted Pain D’Epice with Pear and Saffron Chutney (pechuca de pato ahumada en pan tostado de especias con pera y Chutney de azafrán), Mushroom and Tarragon Savoury Pie with Garlic Crumb (tarta sabrosa de champiñones y estragón con migajas de ajo) y Mille Feuille of Tomato with Black Olive, Mascarpone and Marinated White Anchovy (mil hojas de tomate con aceitunas negras, mascarpone y anchoa blanca marinada)

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El menú dulce además viene acompañado de otra torre con una mantequilla casera espectacular  y diferentes mermeladas y compotas de frutas de Somerset: albaricoque, cuajada de limón, frambuesa, fresas reales del Jubileo, y arándano silvestre (Somerset Clotted Cream: Apricot, Lemon Curd, Raspberry, Jubilee Royal Sovereign Strawberry, Wild Blueberry).

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Especialmente buena era la Lemon Curd.

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Y como colofón: ¡¡¡¡el carrito de las tartas!!!! Había una tarta de almendras que estaba… mmmmm!!

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De regalo de despedida, nos dieron estas dos mezclas de tés especiales que han hecho por el Jubileo de la Reina Isabel.
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Todas las fotos son mías, excepto la de los Scones y la de los canapés que las he sacado de la página web oficial de Fortnum & Mason.

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Moda en la cocina: Kiss The Cook

26 Dic

 

Procedencia: UK

Página web: http://www.kissthecook.co.uk

Donde comprar en España: tiendas Cooking (Madrid y Barcelona)

Donde comprar online desde España: Amazon / Ebay

Precio: 28 – 30 euros dependiendo del modelo

Calidad: indestructibles

Versión madres – hijos:

Otros: puedes personalizarlos

Kiss the cook es una marca inglesa que hace ropa de cocina con un algodón muy agradable y diseños chulísimos. Tienen un solo modelo (el Chef) en varios colores (para chicas en rosa y blanco principalmente y para chicos en negro y blanco). La pechera va cuidadosamente bordada con hilos de colores.

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Los delantales tienen dos bolsillos bastante profundos utilísimos (realmente hasta que no te pones a cocinar no sabes muy bien paras qué sirve tener bolsillos en un delantal, pero les encuentras utilidad rápidamente).

De esta marca tengo dos delantales y estoy encantada. Bueno, a decir verdad, tres si contamos el de Al. Son de muy buena calidad y cumplen su función perfectamente. Te tapan de arriba abajo y evitan que te manches.

Otra de las bondades que tienen estos delantales es que se le van todas, todas las manchas. Mira que a los míos les ha caído de todo encima: chocolate en cantidades industriales, colorante alimentario en los más variados todos, vino, aceite …. Y siempre, siempre, se van las manchas (aunque por supuesto hay que pretratarlas un pelín, no vale con meterlo a la lavadora solamente).

Cuando nos casamos, mi madre nos regaló dos modelos estupendos. A Al le regaló el “King of the Barbecue” que le va que ni al pelo y a mí… el de “Born to shop not to cook” (nacida para comprar, no para cocinar). Está claro que me conoce y bien (como os expliqué en este otro post).

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Pero eso fue en 2011 y ahora estas Navidades me ha regalado este otro de “Queen of Cakes” y me ha hecho mucha ilusión. ¡¡¡Me ha subido de nivel!!!

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Por cierto, he visto que en la tienda online tienen el paño con el mismo motivo, a ver si me hago con él:

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Lo mejor: puedes personalizarlos con nombres.

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Adooooooro los delantales personalizados. Este verano le vamos a hacer la despedida de soltera a una amiga y probablemente hagamos todas juntas un curso de cocina (entre otras cosas jaja) ¡¡estos caen seguro!!

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Ya sabéis que me encantan las versiones madres-hijos. Pues, Kiss the Cook también las tiene ¡y preciosas!

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¡Me lo pido! Especial Carta de Reyes Magos

26 Dic

Para inaugurar esta sección de “me lo pido” y coincidiendo con la próxima llegada de Sus Majestades Los Reyes Magos de Oriente, listo* los objetos pasteleros que más codicio este mes:

1.     A Melchor le pido el Ultimate Rolling Tool Caddy de Wilton para guardar todas mis cosas en el mismo sitio.

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 2.     A Gaspar le pido un curso en El Taller de Tartas para aprender a hacer flores de fondant de una buena vez.

rosas , tarta , cake , wedding , bodas , novios , mericakes , fondant , barcelona , bouquet .

Foto de Mericakes

 3.     A Baltasar le pido el libro “The Fundamental Techniques of Classic Pastry Arts” del  French Culinary Institute para instruirme en lo que es bueno de verdad.

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4.    Y si me dejan un extra, pido un delantal nuevo. Por ejemplo, este modelo navideño de Jessie  Steele … con la manopla y el paño a juego ¡of course!

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Hasta Chicote estaría orgulloso de mi cocina

26 Dic

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La cocina de la foto es la cocina de mis sueños. Esa es la que imagino cuando pienso “cuando sea mayor quiero…..”. Una cocina en la que me quepan tooodos mis chismes de cocina y una encimera en la que haya un fregadero con dos senos (por lo menos) y en la que quepan cuatro Kitchen-Aids y tres Termomix y todavía haya sitio para seguir trabajando.

Sin embargo, no os penséis que tengo una cocina como la de la foto, ni muchísimo menos. Como otros tantos miles de españoles vivo en un piso pequeñito, pero monísimo. Y, evidentemente, mi cocina es pequeñita también.

Mi cocina es la típica cocina-tubo o cocina-pasillo, pero no es lo suficientemente grande como para tener dos zonas de trabajo. Así que solamente tengo muebles y encimera a un lado de la cocina. En el otro, hemos conseguido meter una mesita que nos sirve de apoyo y un armario escobero (que, digo yo, en algún lugar hay que guardar la aspiradora y el cubo de fregar). Debajo de la ventana y taponando la lavadora, hemos conseguido meter un carrito con ruedas que nos alivia un poco la falta de armarios. No os penséis que la cocina estaba así de mona cuando alquilamos el piso, no, no. Mi cocina ha sufrido una transformación cual “Pesadilla en la Cocina”. Ha pasado de ser la noche a ser el día, de ser la Pitufina fea a ser la Pitufina rubia.

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Para empezar, estaba llena de MIERDA suciedad. Tenía un olor a grasaza insoportable que tardó en irse dos meses (pese al millón y medio de productos con los que limpiamos –hasta con aguarrás-) y en los muebles (por dentro y por fuera), electrodomésticos, paredes y suelo se acumulaban capas y capas de mugre de no haber limpiado en años. La cocina del Castro de Lugo era el paraíso de la limpieza comparado con la que me dieron a mi. En resumen: los antiguos inquilinos eran unos GUARROS.

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Tras hacer que las acciones de Procter & Gamble subieran por lo menos un 15%, conseguimos que nuestra cocina se convirtiera en un lugar muy querido dentro de nuestra casita.

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Se supone que la cocina de mi piso venía con los electrodomésticos o eso ponía en el anuncio. Esto es: vitrocerámica, horno, microondas, lavavajillas, lavadora y nevera. Digo “se supone” porque los anteriores inquilinos los dejaron tiritando a todos sin excepción (aparte de la capa de porquería correspondiente).

Para empezar, la lavadora y el frigorífico estaban para tirar. Los anteriores inquilinos hicieron un empalme en un enchufe al intentar sacar otro extra y cortocircuitaron la nevera. La lavadora se encendió una vez y casi inunda la cocina.

Mi casera (que es hipercutre), no contaba con semejante gasto, y nos dijo que ya bastante teníamos con el micro, la vitro, el horno y el lavavajillas (olé!) y que si queríamos nevera y lavadora (que no son necesarios para vivir según nos dijo) que nos los pusiéramos nosotros y que nos los lleváramos cuando nos fuéramos. No voy a poneros toda la discusión, pero necesitábamos alquilar en ese momento un piso en la zona por cuestiones laborales y tanto el piso como la finca están realmente bien. Así que tragamos. Eso sí, ya que iban a ser nuestros, nos compramos al rey de las neveras y a la reina de las lavadoras. A ver qué hacen los próximos inquilinos cuando nos vayamos nosotros.

A la semana de estar viviendo en el piso, el lavavajillas empezó a hacer cosas raras. Así que la casera nos mandó a un técnico para que lo revisara y nos dijo que estaba a punto de morir. Así que, le pedí al técnico que se lo transmitiera él mismo a la casera porque esta mujer se piensa que me invento las cosas. Por supuesto, la casera intentó que también compráramos el lavavajillas “así os lo lleváis y ya lo tenéis” nos decía. Y una porra. Le dijimos que habíamos alquilado una cocina amueblada y esto era ya pasarse de la raya. O lo ponía ella o nos bajaba el alquiler. Total, que tras insistirle mucho nos lo cambió, eso sí, por el más cutre del mercado.

Si hacemos un repaso ya solamente quedan invictos la vitro, el horno y el micro, pero ¡no os creáis que estos no han dado problemas!

La vitro funcionaba bien, pero los mandos se caían del mueble y se quedaban colgados por los cables. Mi marido los intentó sujetar unas 10.000 veces y cuando ya estuvo totalmente desesperado, aprovechó un día que estaba por allí un técnico del aire acondicionado (sí, tampoco funcionaba el aire acondicionado…..) para pedir que le ayudase. Por suerte, el técnico del aire se enrolló y sujetó el cuadro de mandos a la encimera con dos buenos tornillos y hasta hoy no se ha vuelto a caer.

En cuanto al horno, mi principal aliado con esto de la repostería, qué os puedo contar. Cuando después de 4 días rascando la roña que había en su interior y lo probamos, nos dimos cuenta de que es lento, muy lento. Si una receta dice “meter 1 hora en el horno” mi pobre horno necesita tres (no exagero, pasa, por poner un ejemplo, con mi NY Cheesecake).

No sabemos qué le pasa, porque, aparentemente, está bien. El técnico que nos mandó la casera (estoy de los técnicos hasta el….) nos dijo que el horno funcionaba y que simplemente “no da para más” porque es malo, rematadamente malo. Pobrecito, esto es como el tonto de la clase, que no da para más pero hay que quererle como es. Por lo tanto, como técnicamente funciona, la casera ni de coña lo ha cambiado.

Y en cuanto al micro, es el que menos problemas nos ha dado, pero ya tiene muchos años en su haber y se nota

PD: Si pensáis que ya se nos había estropeado todo lo estropeable, se os ha pasado por alto una cosa: la caldera. Cascó a finales de noviembre del 2011 y estuvimos sin calefacción y aguantando agua fría 3 semanas hasta que el cuarto técnico que nos mandó la casera (no exagero, de verdad), le hizo un apaño para evitar tener que cambiarla que no sé cuánto durará.

Pobres los que vengan después …

Estrés, huevos y tartas

21 Dic

Pues sí. El ritmo de vida que se lleva en los grandes despachos (léase también auditoras, consultorías, etc…) puede conllevar un grado importante de estrés.

Pues bien, el año pasado, el día de antes de Nochebuena (era viernes), inmersa en un ataque de estrés, llegué a casa de madrugada tras haber terminado en tiempo récord un informe auditoría legal.  Me encontraba mental y físicamente destrozada y con unas ganas irremediables de externalizar mis nervios acumulados. Así que, como no tengo en casa un saco de boxeo, cogí las varillas de la cocina y me puse, porque sí, con todas mis fuerzas ¡¡¡a batir huevos!!! Batí uno a uno todos los huevos que había en la nevera ¡Qué relajación!

Cuando me di cuenta de lo que había hecho, pensé ¿y por qué he hecho yo esto? y lo que es más importante ¿¿¿¿y ahora qué hago yo con esto???? (odio tirar comida, es algo que no me gusta ni un poco). Por suerte, Alvin no estaba en casa para ver semejante demostración, ya que me habría llevado directa a un psiquiatra de urgencias. Entonces, mogollón de pensamientos inundaron mi mente: ¿y si hago una tarta? ¡Pero si soy nula en la cocina! ¿Las tartas llevan huevos, no? ¡Por Dios Mary, son las 2 de la madrugada! No he hecho nunca una tarta… ¡Me importa un pimiento!

Estaba cansadísima pero muy, muy espabilada y no me iba a poder dormir así que, como al día siguiente (bueno, realmente ya ese día) yo no tenía que trabajar, encendí el ordenador y busqué en Google “tarta 8 huevos”. Aparecieron miles, millones de recetas. Vi una que me llamó la atención, comprobé que tenía el resto de ingredientes en casa y decidí ponerme a ello.

Como os conté en el post anterior soy mala, malísima cocinando, pero contra todo pronóstico la tarta salió maravillosa. No sé por qué. Fue de repente. La primera vez que hago una tarta, va y me sale bien. Era redonda, tostadita pero sin estar quemada, olía bien, tenía buena pinta. Flipaba. Así que, como estaba muerta de sueño, eran las 5 de la madrugada y Alvin no había llegado todavía de la cena de Navidad de su consultora, la guardé y la llevé al día siguiente (bueno, ese mismo día) a la cena de Nochebuena.

Mi madre casi llora, estaba emocionadísima: María, ¡has hecho una tarta! ¡mi niña ya es mayor! ¡y lo que es más importante … ya a no te morirás de hambre! ¡Ayyy mi “Sweet Lawyer”! Desde entonces he dejado de ser oficialmente una inútil en mi casa y me gané un apodo nuevo.

El caso y para ir terminando, es que la tarta fue un éxito total. Y desde entonces, me pongo a batir huevos cada vez que me estreso. Y cada vez elijo una receta nueva para aprovecharlos y cada vez Alvin tiene más kilos.

Así me hice abogada – repostera o “sweet lawyer”, como prefiráis.

M.

¡Socorro! Hay un abogado en mi cocina

21 Dic

¡Hola! Me llamo María (Mary para los amigos), tengo 26 años y soy abogada. Desde hace 4 años trabajo a tiempo completo en un despacho de abogados. Mi principal obsesión desde quinto de primaria era estudiar para estar preparada para el futuro: que si estudio 4 idiomas, que si dos carreras, que si máster, que si curso de práctica jurídica, que si curso de derecho en EE.UU., etc. Pero hay algo para lo que nunca estudié: para sobrevivir. Y si digo sobrevivir es porque nunca pensé (vamos, ni se me pasó por la cabeza) que alguna vez mi santa madre no viviría conmigo y me tendría que alimentar por mí misma.

La cocina era un espacio que no había explorado en casa de mis padres y del que descubrí su existencia (así, de sopetón) cuando me independicé. Qué triste es esto y qué inútil es esta chica, pensaréis. Pues sí. Es triste (muy triste) y soy una auténtica manta en la cocina. La única vez que entré nada más casarme casi me amputo un dedo con un cuchillo de los gordos. Eso sí, las demandas las hago fenomenal, que tampoco es que yo sea tal mal partido.

Cuando me casé y me fui de casa de mis padres hace un año, la principal preocupación de mi madre era que comiera y a ser posible, bien y en cantidad. Según ella antes de la boda me estaba quedando “esquelética” y “ahora que ella no está conmigo en casa me voy a quedar en un holograma”. He de decir que yo soy delgada pero tengo mis curvas.

Mi madre sabe lo que conlleva la vida en un despacho de este tipo y también sabe que, en lo referente a las cuestiones de la cocina, soy vaga, muy vaga. Lo confieso. Soy de las que prefiere tomarse para cenar un yogur y un plátano con tal de no ponerme a cocinar a las 23:30 horas cuando llego de trabajar (amén de que después hay que fregar y recoger).

Mi madre me conoce, demasiado. Tal era su preocupación cuando me fui que llegó a llamarme todos los días a la hora de la comida y de la cena para saber si estaba comiendo y qué estaba comiendo.

Y pensaréis ¿y el marido de María en cuestión? ¿Es que no cocina? ¿Será un gandul? Pues Alvin (realmente se llama Álvaro pero yo le llamo Al o Alvin), cocina y muy bien o por lo menos a mí me lo parece. Pero, lamentablemente, él también trabaja en una consultora y llega incluso más tarde que yo por las noches (somos una familia desestructurada, como dice mi socio).

Total, que como damos más pena que el pequeño Timmy el día de Navidad, mi santa suegra nos manda cargamentos de tuppers. Así hemos estado un año y medio pero sé que las reservas de tuppers (como las de petróleo) no son eternas y algún día no habrá tuppers (ni petróleo) y a ver qué hacemos nosotros (y Repsol).

Pues bien, como el aire no alimenta (de momento, ya se verá dentro de 50 años) no me ha quedado más remedio que ponerme manos a la obra y meterme en la cocina-tubo de nuestro piso alquilado y ponerme ¡a cocinar!

Con el paso del tiempo he conseguido hacerme un “huequito” en mi propia cocina (me ha costado algún que otro accidente sin importancia y peleas con el horno). Eso sí, la comida es muy básica, pero sana y alimenta, que es lo importante.

¿Y vosotros? ¿Qué tal os lleváis con vuestra cocina?

M.

My Sweet Lawyer

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